Frenos al desarrollo de frontera
Los entrenamientos por encima de un umbral de cómputo definido deberían estar sujetos a licencia, inspeccionados y ser deliberadamente lentos — bajo un tratado con dientes de verdad, no bajo un compromiso voluntario.
Cualquier otra tecnología con un riesgo de daño a escala de civilización se autoriza antes de desplegarse, no después. Los materiales nucleares, la aviación, los medicamentos y los laboratorios de bioseguridad operan todos bajo regímenes en los que la carga de la prueba recae en el operador y un inspector tiene derecho a entrar. El entrenamiento de la IA de frontera no tiene equivalente. Un puñado de empresas puede iniciar un lunes un entrenamiento de escala sin precedentes y divulgarlo, en la forma que elijan, cuando lo decidan.
La posición. Los entrenamientos por encima de un umbral de cómputo definido — fijado aproximadamente en el nivel de los modelos punteros de hoy y revisado a medida que mejora la capacidad por FLOP — deberían requerir una licencia. La licencia debería llevar aparejados derechos de inspección, el registro previo del entrenamiento, una evaluación por un tercero antes del despliegue y la potestad de detenerlo. El umbral corresponde a un instrumento convencional, y no a la ley separada de cada jurisdicción, porque el cómputo es móvil y un régimen solo nacional traslada el riesgo en lugar de reducirlo.
Por qué un tratado y no un compromiso. Los compromisos voluntarios son revocables precisamente cuando resultan caros de mantener. Los compromisos de seguridad asumidos por los laboratorios de frontera son reales, y varios se asumen de buena fe — pero se hacen cumplir solo mediante la reputación, y la reputación es lo primero que se cede en una carrera. Un régimen de licencias sobrevive a un cambio de consejero delegado, a una ronda de financiación y al lanzamiento de un competidor. Un compromiso no.
La afirmación central. Se acabó el «avanzar rápido y romper la civilización». La velocidad es una decisión de diseño y, en la frontera, hoy la toman las partes que se quedan con los beneficios y no soportan el riesgo de cola.
Qué hace Vigilia al respecto. Este punto empieza donde ya existe la palanca. Las obligaciones del Reglamento europeo de IA sobre los modelos de IA de uso general, el umbral de cómputo de riesgo sistémico del artículo 51 y los incipientes institutos nacionales de seguridad de la IA son la primera maquinaria en funcionamiento de esta misma idea — imperfecta, pero real y en vigor. Vigilia sigue cómo se aplica esa maquinaria, dónde se fijan los umbrales y quién los fija, y qué obligaciones se aplazan o se diluyen en la práctica. Publica lo que encuentra con las fuentes adjuntas.
Vigilia también hace la versión poco lucida de este trabajo con fines comerciales: inspecciona sistemas de IA ya desplegados y comunica por escrito a sus operadores en qué no cumplen la ley. Una supervisión que solo existe para los futuros modelos de frontera y nunca para los sistemas hoy en producción no es supervisión. Es una nota de prensa.
